miércoles, 28 de julio de 2010

Cuando vuelve el cerro

Hacía mucho que no miraba el calendario... estaba viejo, fuera de fecha. Ya estamos terminando julio... y siempre para esta misma fecha, será que se hace una especie de impasse (nunca antes había escrito la palabra impasse) esa fuerza inentendible que te hace pensar en el tiempo. Estuve un rato largo antes mirando las frases en la pared, sintiéndolas también viejas, ajenas, como si toda esa angustia fuese solo una supervivencia de algo que (está, siempre está, no vamos a mentirnos) pero ahora se encuentra lejano, vedado, por suerte vedado. Sacar los meses viejos del calendario con cuidado fue placentero. Pero más placentero aún fue descubrir junto con el trimestres en curso el cerro de los siete colores. Real. Real. Yo sé que es real, yo sé que es real. No me lo contaron, no lo soñé. Estuve ahí. Ese placer concreto, con sabor a presente. Algo como la madera, que está, está. Y sí, claro, los nudos, las astillas, pero está, ahí, y se puede tocar, ver, también, pero tocar. Y yo pude tocar la sensación del cerro, porque me golpeó la cara con un arrebato de felicidad airosa, ventosa. Esto era. Hoy. Hoy y mañana. Ayer, hoy y mañana. No un ayer lejano e inabordable. No un mañana ilusorio e inalcanzable. Ayer, hoy y mañana. En este juego de tres meses concretos de un año determinado bajo el cerro ese, y no otro, que yo quiero y conozco. Que yo quiero y conozco. Ay, casi que lo repetiría por tercera vez en un brote místico. Que yo quiero y conozco. Porque lo conozco lo quiero, porque lo quiero lo conozco, unidos los dos conceptos, el afecto y el conocimiento. Y permitirme ambos en esto tan concreto que es conocer desde el tacto. Contacto. Con tacto. Hacer contactos, muchos, reales, distintos, muchos. Ir conociendo con mi piel otras pieles desde el abrazo, desde el saludo, desde el cariño... y no. Ir conociendo todo lo que voy pudiendo, un poco mas que ayer, un poco más mañana. No se dan de golpe las cosas en mi vida, debería ya saberlo de sobra, pero si quiero, y manejo el tiempo distinto, y de golpe descuelgo tres meses juntos cuando ya ha pasado un cuarto, o dos años, o cinco, entonces sí, todo se da de golpe. Porque el tiempo, el tiempo ansioso y breve, ese lo llevo colgado yo. Ese no está ahí detrás de la puerta, ese tiempo no está en el cerro. Pero tampoco está en la puerta el tiempo inmutable, aquello eterno. Es un tiempo llanito(sí, sí, la contradicción con el cerro la entendimos todos) concreto, de minutos dulces que pasan con 60 segundos cada uno, para usar y disfrutar, cuando se pueda, lo que se pueda, y aprender, y aprender. Es un tiempo llanito, pequeño de meses y obligaciones, de metas y vericuetos, chiquito y aplastado por un enorme cerro que está ahí, ahí, y es tantas cosas que se llaman amigos, sueños, amores, almitas queridas, utopías, luchas... Pero sobre todo es un tiempo escalera... lo intuyo, no muy inclinada, pero qué lindo que no lo sea así se puede respirar el camino, y no hay vértigo, porque es ancha la escalera, y si quiero no me acerco al borde, y si quiero miro el paisaje, y si quiero, es un cerro, que está ahí, porque yo lo sé, porque estuve, porque estuve ahí.

martes, 18 de mayo de 2010

De la zamba a los mapas satelitales por culpa del tango.

Venía escuchando unas zambas. Y ahí aquello del carnaval, lo engualichado, los pañuelos. Te vi, te vas, volvés, vuelvo, te llevo, te llevo, me llevo en vos, me dejo llevar. Y el carnaval, el carnaval. En seguida el tango, como un disruptor áspero. Hermosamente áspero, pero que me baja de un hondazo, y me lleva a ese lugar que disfruto pero ya como ajeno, como una casa de fin de semana que hace tanto que no visito, como ese monoambiente húmedo que está en venta y nadie compra, como ese pantanoso terreno estéril e inedificable que es mío, sí, pero ya, ya... El tango de repente, abrupto, con su angustia. En el mismísimo halo de seducción, pero esa bajada precipitada, entre la zamba y la fuerza, entre la seducción de la zamba y el anhelo sensual del tango, entre la búsqueda y la espera, entre la caza y el llanto amodorrado contra el vidrio. Placer ambas cosas, digámoslo honestamente. Sin embargo, tan distinto. Y ahora vuelvo atrás, y recuerdo aquello de que la zamba te desgarra el alma, y las primeras impresiones casi nunca son las que valen, son las primeras y en tanto tales, son útiles, y necesarias. De no haber primeras impresiones no habría subsiguientes. Pero ahora entiendo cuando se me dijo que estaba equivocada, que la zamba no es para nada triste, que es otra cosa. Y la que estaba triste era yo, por eso no podía entenderlo, pero ahora entiendo... y esa otra cosa es que sí, te desgarra el alma, pero no necesariamente de angustia. Te desagarra el alma porque es un vuelo de buitres en búsqueda de presas. Y los pañuelos no son las alas sino las... garras, no son garras... dios, soy maestra y bruta, cómo se llaman los pies de los pájaros. Será que no soy ave, pero a veces sí, y a veces vuelo, y soy ave, y buitre, y paloma, y todo lo que vuela y se despliega en esa infinita levedad mentirosa, que busca la caída. Pero no la del tango. Esa otra ocurre, de golpe, como hoy, como un disruptor. Y menos mal que estaba lo suficientemente atenta, para distinguir, para alegrarme por comprender, que la zamba no es triste, que el tango sí, mucho, que tengo un tango en el alma, esa misma alma que antes desgarraba la zamba. Y que ahora no desgarra, porque empaqueté el tango, y cada tanto lo miro, lo dejo dar vueltas, chocarse contra el vidrio, sonar, soñar, ser ese tango, ese que hay que cantar querido bandoneón. No quiero hablar del tango, ni de la zamba. Quiero hablar de eso en común, a pesar del disruptor. Entonces no de la tristeza o no tristeza (¡cuánto me cuesta decir alegría!) Sino de ese halo, de seducción, ese perfume de carnaval, ese perfume de champagne, ese perfume, ese perfume, que te atonta, te lleva, te sube, sube, sube. Y ahora entiendo, que la zamba es eso otro, y quizá la sensación de tristeza tenía que ver con la atadura al piso, con el miedo a volar. Y ahora que vuelo, que tengo el viento en la frente que no puedo dejar de sonreirle a lo que viene, porque el viento me obliga y me estira la cara, esta zamba que se cuela como perfume, como una ola inmensa que me abraza, me lleva... ahora entiendo... que se me dijera que estaba completamente equivocada a su respecto. Y ahora entiendo haber estado equivocaca con respecto a esto y, por supuesto, a tantas otras cosas que aldedor de ella se agitaban. Quizá, en contraposición con la imagen del vuelo, porque esas cosas que se agitaban, sedimentaron y cayeron, y ahora desde esta nueva altura, puedo mirar al piso, y ver todo con claridad (una claridad interesante que no se ensucia y aún así podría extenderse para tocar los sedimentos). La maravilla de la imágen satelital.

domingo, 28 de marzo de 2010

Miss Yo.

Mis cosas, mi casa, mi cuadra mi cuarto, mis espacios mi cuerpo, mi cara mi cuerpo, mis pechos, mis piernas, mis nalgas. Mis certezas, mis dudas mis gritos de guerra mis lemas mi ideología, mis ideologías mis luchas, mis batallas, mis guerras mis derrotas, mis victorias. Mis combates, mis armas. Mis trincheras, mis búnkers. Mis miedos, mis corajes. Mis obsesiones, mis lugares comunes. Mis palabras, mis palabras. Mis noches, mis días. También mis tardes y mis mañanas, pero sobre todo mis noches. Mis sueños, mis pesadillas. Mis escaleras, mis escalones. Mis túneles, mis reiteraciones. Mis libros, mis papeles, mis autores. Mis papeles, mis palabras, mi tinta. Mis palabras, mis silencios.... Mis preguntas, mis respuestas, mis preguntas sin respuesta. Mis cuestionamientos y mis cuestiones. Mi mamá, mi mamá. Mi papá. Mi hermano también, mi hermanito. Mi abuela y mi todo el resto. Mi familia. Mis plantas, mis muebles, mi sol de tarde. Mis oscuridades y mis luces. Mi luz, mi luz. Mis espejos, bah, mis reflejos. Mis proyecciones. Mi imagen, mis imágenes. Mi trabajo, mi estudio, mi arte. Mi tedio, mis diversiones. Mi placer, mi deber. Mis amigos, mis amigos lejos y cerca. Mis amigos que ya no. Mis amigos que ahora sí. Mis amores, mis no amores. Mis ternuras. Mis pasiones. Mis fervores, mis paciencias. Mis siempres, mis nuncas, mis quizases. Mis quisiera, mis proyectos, mis seguridades e in- Mis monstruos, mis ángeles. Mi Dios, Mi DIOS. Mis plegarias, mis agradecimientos, mis pedidos. Mis lágrimas y mis sonrisas. Mis carcajadas. Mis danzas, mis letargos, mi inmovilidad. Mi pánico, mi confianza, mi abismo. Mi tiempo, mi tiempo. Mis horas, mis días. Mis manjares, mis de paso, mi aquí y ahora. Mi aquí, mi ahora. Mi ahora. Mis simplezas, mis telas de araña. Mis remolinos, mis aguas mansas. Mis rocas, mis juncos. Mis olas, mis orillas. Mi piel, mis caricias. Mis verdades, mis hipocresías. Mis rencores, guardaditos. Mis "todo lo digo" y mis "no digo nada". Mis resistencias y vendavales. Mis finales, mis principios. Mis punto y coma. Mis enumeraciones, mis búsquedas. Mis encuentros furtivos y planeados. Mis recuerdos, mis inventos. Mi cansancio, mi energía. Mi esperanza y mi espera. Mis muertes, mis nacimientos, mis resurrecciones. Mi temple, mi carácter. Mi luna, mi sol. Mi tibia y peroné. Mi música, mis datos, mis lugares para flotar Mi coherencia y mi espacio absurdo. Mis delirios, mis delirios. Mi insolencia, mi obediencia. Mis tentaciones, mis prohibiciones. Mis eternas letanías, mis efímeras oraciones. Mis ojos, mi mirada. Mi telón, mi función, mi escenario. Mi máscara y mi rostro. El verdadero. ¿Cuál? El verdadero. .

miércoles, 10 de marzo de 2010

Empezaba el año, estaba nuevecito, como recién salido del horno. Como una cachetada que te despierta, brutal pero ya, ahora, me encontré frente a mi espejo, y decidí hacer lo contrario a lo que hubiera hecho, yo, de ser yo, y no ser la del espejo. Entonces corrí, corrí, descalza, hasta que llegué donde quería e hice lo que quise como quise. Corrí descalza, corrí descalza. El año seguía nuevecito, y me metí hasta la cintura, desde la cintura, sobre la cintura, en un río sin agua, donde yo era el agua y no la que flotaba o se hundía. Yo era el río, en el río, desde el río, (¿podría decir que me río de esto?). Yo era el río sobre las rocas, y las rocas mi colchón, y mis brazos y mis piernas se extendieron y volaron. Como si aún estuviera corriendo descalza. Ahí nomás dejé mis palabras, algunas de ellas, casi al pasar, las dejé bien presentadas, bien dirigidas, pero en realidad hacía mucho que debiera haberlas dejado, bla, qué me importa, hacía mucho yo no existía, hacía mucho era la del espejo en el espejo, ahora soy la del espejo acá. No supe nada más de mis palabras, y aún así no me quedé muda. El año iba creciendo en altura y en sabiduría, yo, aún corría descalza, yo aún soy río, yo aún sin llorar, casi como un desafío. Me paseo me vuelvo felino, me arremolino, me acurruco, araño, soy un felino que es río, que es reflejo, que corre descalzo, porque sino sería el gato con botas, y gato con botas no caza ratones.

lunes, 1 de febrero de 2010

sobre febrero

Bueno, empezó febrero. Me doy cuenta casi sin querer, cuando me encuentro haciendo lo que estoy haciendo que voy a relatar... ¿quién es la ansiosa yo o el que lee, o la que lee, que en este caso soy yo... bueno? Abro mi correo electrónico (porque decir mail es muy muy... entonces pareciera que decir correo electrónico es más del pueblo, bah, abro el mail), y me propongo encontrar unos archivos que había guardado, porque hace poco se formateó la compu en la que suelo escribir, investigar, boludear... En fin, empiezo a ordenar y me encuentro, primero y ante nada, con una carpetita, hermosa carpetita titulada "Algo así" en referencia al asunto que proclamaba un mail que fue luego convertido en una seguidillas de mails entre la escribiente actual y un amor ... qué decir, imposible, irreal, imbécil. De esas estupideces que son así como daydreams (uff, qué inglesa que estoy) fantasías... Freud dice que las fantasías y los sueños están ahí, pegaditos, en cuanto a la forma de pensar... lo difícil es que cuando una fantasea cree que está pensando de forma conciente, entonces ahí las fatales equivocaciones, los enriedos, las imbecilidades, y sobre todo, la pérdida de tiempo (esto lo digo yo Sr. Freud). Decía, me encuentro con esa carpeta que databa de... a ver que me fijo... el más lejano de enero del 2007, aunque estimo que debe haber por ahí alguno que escapó a la revisión y será previo (habrá sido previo, no sé qué tiempo verbal utilizar cuando estoy hablando de un texto viejo, que busco hoy, que no encuentro y estimo entontraré en un futuro no establecido), Esta carpetita fue guardada por mí, en la más estúpida de mis intenciones sadomasoquistas (que es la contracara oscura de la idiota que cree en algo así como el amor, puaj, puaj, puaj). Sí, la guardé con la esperanza: 1) De que pasado un tiempo se historice, es decir, que converjan en esa carpeta nuevos mails, que evoquen nuevos encuentros. 2) Que llegado un momento de suma tristeza me recuerde que si no fui amada, cuando menos fui deseada intelectualmente (porque de esto iba un poco el cariño escrito en esa hermosa carpetita) Es de aclarar aquí que cada vez que presentí que alguien se sintió atraído por mí intelectualmente o anímicamente llevé estas relaciones a planos irrealizables, idílicos, sin concresiones corporales (va con c o con s?). Bueno, borré los mails, o estoy en eso, aún están en la papelera, pero como dije, ahí me percaté de que empezó febrero (del 2010, tres años es mucho para guardar ... no sé qué es lo que guardé ahí). El borrón y cuenta nueva comenzó como todo en mi vida, como un vendaval lleno de tierra que traerá pronto el pampero limpio, la lluvia, la lluvia, igual estimo que esta vez no pueden ser lágrimas. No tengo grises, voy a borrar todo lo que no tenga relación con relaciones, valga la redundancia actuales y (sin el /o) reales. Entro en otra carpeta no tan prolija que denominé archivo. Empiezo a borrar sin mirar. Paro, miro los mails, por si me encuentro con alguna dirección que desee guardar. Comienzo guardando mails de profesores que pueden llegar a serme de utilidad, o debieran serlo. Ahora pienso que lo que sigue a esto es borrar algunas cosas de mi celular, pero paso a paso. Ufff, son 5000 mails que puedo solamente borrar de a veinte. Paso a paso, total no tengo nada más que hacer. En eso, en eso me encuentro con otras historias, mías, que me resultan tan ajenas. Ayer me pasó lo mismo, no recuerdo en referencia a quién, pero esta sensación de ajenidad, de ser tan distinta, y lejana. Ay quiero acordarme, estaba mirando unas fotos, ¿de quién? No no hay caso, no recuerdo. Recuerdo la sensación de ajenidad con respecto a recuerdos míos, ¿es difícil de entender? A mí me cuesta explicarlo, como que esas fotos que ahora no recuerdo (Sí, Mr. Freud, represión, censura), producían en mí una sensación de desdoblamiento, por un lado me referían a recuerdos de situaciones que sé reales y por otro me resultaba inverosímil ser yo la que había vivido esas situaciones. Es muy básico lo que intento decir, una cambia, una crece, una cambia. Ahora esa situación, y leo la seguidilla de mails con una cierta noción de mirar por una cerradura algo que no me pertenece. Ajá, yo hice eso, yo estuve ahí, yo provoqué esas palabras. En fin, ¡qué distinta que pude ser a cómo me recuerdo! Me reencontré con dos historias, ambas reales pero tan tan extrañas ahora que las veo de lejos... Un amor a la distancia, lleno de poesía berreta, con un trasfondo obligado de canciones de Rally Barrionuevo y Palito Ortega. Un amor que tuvo besos y caricias, chacarera y peleítas, viajes cruzando la Argentina... demasiada telenovela, demasiada. Otro, de encuentros ocasionales y furtivos, cuyos restos del año 2007 fueron los últimos coletazos, pero remontaban al 2005 (era tan pequeña yo, y tanto más estúpida!). De ese amor (y amor es una forma pulcra de decir otra cosa), no quiero hablar. Él quería decir todo, y yo, yo... me parece que lo del cuerpo no hay necesidad de nombrarlo (Sí, esto Freud diría que también es censura, pero yo digo, Siguiendo al otro Monseiur F. que hablar hablar de sexo es un imperativo, es parte de la obligación de la modernidad, postmodernidad, entonces, no lo digo, aún sabiendo que ya lo dije). Pero además me encontré con historias que reflejaban otros aspectos de esa que era, mails laborales, insoportables, mails del grupo misionero al que pertenecía... al que pertenecía. Y que a cada quién le resuene del modo que quiera. No, no estoy renegando de mi militancia, creo que lo que hice lo hice con convicción, dudo de que mi sensación de pertenencia haya sido compartida... iba a decir real pero lo que es real y lo que no es tan difícil de determinar. Todo lo borré, sin renegar de nada, todo lo estoy borrando, no quiero mentir, es ahora que lo voy haciendo, mientras como una especie de ensalada, con dudosas sobras de mi heladera... mi heladera. (claro si voy a repetir frases porque sí, para llamar la atención, no tienen que ser frases melanco todo el tiempo ¿o sí?) En medio de todo esto, mientras voy a un mismo tiempo recordando y borrando, decidiendo borrar, decidiendo qué leer, qué seguir recordando (igual es más lo que borro, por mucho) siguen llegando mails, actuales. El presente que se arrebata, que se obstina, que no se detiene hasta que una pueda ordenarse. Y es así hay que ordenar mientras te vas moviendo, con el viento, más si es un vendaval, hay que ser ágil. Soy ágil. En eso venía redistribuyendo los mails que quería guardar, hasta ese momento, hasta ahora eran puras cosas de la facultad, o laborales, lo "personal" podía ser descartado. Historias viejas que no desaba volver a abrir, y aunque lo deseara había perdido ya las llaves o lo que sea que abracadabra. Y en eso, en eso, me encuentro con un mail "personal", gran paréntesis (cariño-utopía-ideal-dulzura-fraternal abrazo que atraviesa el tiempo). Este mail no puedo borrarlo, porque si bien es del 2006 (fines) al leerlo es... actual, está dirigido a mí, a la que soy, no a esa ajena, a la que sigue siendo, sigue siendo, a pesar de los cambios coyunturales, a eso cercano a la esencia, o bien aquello que es marca y tatuaje. Pero ¿dónde lo guardo?. Dejarlo en el archivo sería mentirme al proceso de limpieza que estoy llevando a cabo, armar una nueva carpeta sería demasiado, sería colaborar con el proceso onírico que idealiza y cumple deseos que no se cumplirán nunca. ¿Ves Bruno? Y acá, acá, en todos lados. Lo dejo acá y después veo qué hago. Lo voy a guardar en la carpeta vacía de "Algo así", por ahora, creo, no sé. Continúo con la limpieza, ya falta poco para concluir el archivo (todavía me falta la bandeja de entrada que supone la misma limpieza pero más cercana al presente). Me encuentro con un correro, y este sí lo veo desde lejos como lo más bizarro, bueno, no voy a exagerar, una de las cosas más raras que viví. Una vuelta me convocaron para hacer una versión libre de Dr. Jekyll y Mr Hyde... incluía, ¡Dios sabrá por qué!, intervalos musicales en bolas. Yo era la única mujer convocada en escena ¡Qué orgullo! Este mail también lo guardo... me negué a hacer la obra en ese momento, ahora... nono, ahora tampoco la haría, aún tengo mucha celulitis. Bueno, me dirijo ahora a los eliminados, para vaciar la carpeta. El cartel de windows me detiene "¿Está seguro de que desea vaciar esta carpeta?" En principio estoy segurAAA, o sea es siempre un varón??? En segundo lugar, sí, pero quise dar un poco de suspenso. Uff y todavía me queda la bandeja de entrada que incluye alrededor de tres mil. En fin, creo que ya basta por hoy, además tengo que borrar un par de mensajes y números del celular, para hacer más efectiva la limpieza. No tengo que demorarme mucho, porque si bien recién empieza el mes... febrero tiene solo 28 días. Igual, igual, siento que aún no estoy en condiciones de borrar el presente cercano, un par de días más no le van a molestar a febrero. De todos modos, para sorpresa mía, de los 3000 de la bandeja de entrada parece no haber nada rescatable, pienso ahora dos segundos alejada de ello que en realidad tiene que ver con eso mismo, con el tiempo, y todo es el tiempo que en todo se mete y lo embrolla y lo hace luminoso o sumamente oscuro... digo que el tiempo, la lejanía, vuelve todo barroco y entrañable, cuando el presente o el pasado cercano nos permite arrancarnos la realidad más sin dolor. No hay que guardar retazos, no hay que guardarlos, se encarnan, se hacen uña adentro. De todos modos me da algo de lástima, de pena, como si este último tiempo, el que no me resulta ajeno por la similitud profunda que tiene con la que decido ser, no hubiera nada permanente, cargado de afecto, iba a decir real, pero de nuevo ¿qué es real? Y quizá sea eso, que ésta, la que decido ser, decidió vivir por un rato así, borrando en febrero lo que escribió hace cuatro años o hace dos días. Que ésta, la que acepto ser, no quiere andar llorándose por los rincones, porque siempre estimó que esas fotos que miraba, aunque aún no las pueda borrar, eran parte de un guión impuesto, por ella misma, pero también tanto tanto por la coyuntura, la circunstancia, y por ella misma es cierto, pero por esa ella misma que ya no era, que hoy le resulta, y aunque se haya dicho hasta el hartazgo vale la pena reiterarlo, ajena. pd: aún me pregunto por qué tengo este impudor con el borramiento de palabras y no con las fotos, no puedo borrar imágenes... para seguir pensando nomás. pd2: después de mucho meditarlo también decidí borrar el mail que no sabía dónde guardar... si el cariño es real no hay por qué guardar retazos de algo que tiene tanto tanto tiempo, quiero limpiar de verdad.

sábado, 26 de diciembre de 2009

Bees and Love

En fin, como de costumbre dejé pasar más tiempo del necesario para asentar en palabras aquella situación intempestiva y aterradora de las abejas. Ahora, desde un perfil más analítico que místico pienso que quizá todo se trató de una invitación a continuar reflexionando acerca de esto de la mano y la miel... aunque ahora que leo estas precisas letras creo que lo místico sigue ahí intacto. Hoy me encontré con un cadáver más. Cuando lo tomé entre mis manos lo primero que pensé es que nunca termino de limpiar por completo por más barridas que le dé a mi cuarto y trapos con Poett con aroma de latidos del corazón que pase. Casi al unísono se me presentó la incógnita temerosa por el aguijón, que evidentemente no estaba. Ufff, y sí, quizá fuera la que quedó viva, la séptima abeja, o quizá simplemente alguna de las otras que olvidé tirar a la basura, pero no puedo dejar de temer que, aún muerta la séptima guerrera, su aguijón perdido vaya a clavárseme en el talón provocándome el temido episodio alérgico que dio origen a tan absurda batalla. Bueno, ordenemos un poco las cosas. Primero era muy temprano de mañana, un sábado de esos que decido dormir y dormir sin parar y evidentemente no lo logro, por H o por B, o como en este caso, por un enjambre de abejas anidando en... no quiero apurarme a contar las cosas. Entre sueños oigo un zumbido," mosquitos no pueden ser, desde el dengue que duermo con el aparatito bendito". Era un zumbido pesado, gordito. Pensé que sería un moscardón, pesado, gordito. Recordé a una monja gallega que nos cantaba de adolescentes una canción que decía así "Alegres las mañanas que nos hablan de Dios, a-legres, las ma-ñanas, el diablo está en tu oreja, te está diciendo, no te levantes, sigue durmiendo." Quizá este zumbido sería eso, una señal divina para despertarme. Como también me molestaba la luz que entraba por mi entreabierta persiana decidí hacer el supremo esfuerzo de levantarme, para cerrarla apropiadamente, o cuando menos hasta donde los agujeros de la misma me lo permiten... (tren pedazos carcomidos de madera son atravesados por el sol cada amanecer). "Ay, mirá, una abejita, pobre abejita no puede salir" Y en un arrebato de solidaridad GreenPeace decido abrirle la persiana para que salga, cerrando la ventana para que no entre. Estaba en ese espacio límite, limbo, ni adentro ni afuera. "Dale, dale, salí, sé libre" Y la abeja estúpida no quería salir, se golpeaba contra la ventana tratando de entrar. "Pero qué abeja imbécil"-Espero, se va, vuelve, golpeo el vidrio, se va, creo yo. Vuelvo a la cama, contenta, sumamente feliz de mi accionar altruista que libertó a una abeja. Pero ahí está el zumbido, más pesado, más gordo. Entonces eran dos abejas, y están decididamente dentro de mi cuarto. Tengo miedo, pero debo accionar, tengo que matarlas porque soy alérgica. Tomo una ojota e intento matarlas, vuelan. Sin pensarlo demasiado me armo con el desodorante de ambientes que estaba en el baño, luego pensaré que esto lo heredé de mi madre, ella me enseñó a luchar con todo tipo de insectos. Rocío con el aerosol perfumado a las abejas, se atontan, las golpeo, las golpeo, siguen vivas, las aplasto, mueren, las llevo a la basura y ya no tiene sentido seguir durmiendo. Bueno, quise ser solidaria con las abejas y me atacaron, ya está, esto debiera aprenderlo para toda la vida, "No ayudes a nadie porque después te cagan"... mmm esto me suena a mi abuela quizá. Me cruzo hasta el chino de enfrente a comprar algo para desayunar pero también más desodorante de ambientes, no sea cosa... Encontré uno hermoso I love you, así se llama la fragancia, como ese cantito "te quiero te adoro te tiro al inodoro". Siento que de a poquito voy entendiendo todo. Vuelvo a casa y prendo la hornalla izquierda para calentar agua para el mate. Desde la cocina escucho de nuevo el zumbido, primero dudo de mi cordura, pero está ahí el zumbido, y no es en mi cabeza, es un zumbido, casi violento, arrebatado, pesadísimo, obeso. Me acerco tímidamente a mi cuarto y veo otra abeja, ya estoy armada, pero solo con mi ojota. Son dos, son tres, Dios mío, son cinco, es un enjambre, son cinco no puedo con tantas, huyo. Cierro la puerta de mi cuarto, y pienso en Casa Tomada. Ya se van a ir, pero si se van entran por la otra ventana que está cerca, no puedo dejar el cuarto hasta que se vayan, tengo que ser valiente, tengo que arriesgarme. Son siete, es un número bíblico, es una guerra santa. Son las siete plagas del subdesarrollo que no alcanzaron para siete diferentes sino siete de un tipo. Busco una octava para no caer en el delirio místico pero no hay caso, son siete, siete!!!. Vuelvo a pensar en la canción de la monja, siempre creí que el diablo era un mosquito, pero son abejas, ufff, y con lo que me gusta la miel, qué cagada. Tomo el I love you recién comprado, mierda, me dejé las ojotas en el cuarto, bueno, pruebo el arma para asegurarme que esté lista. En cuanto abro la puerta una de las turras me quiere atacar, la rocío con el aerosol, y en un movimiento estratégico que vi seguramente en Matrix alcanzo la ojota y la mato. Rocío violentamente a sus compañeras, cayeron ya tres, faltan aún cuatro. Dos inconcientes se posan en la pared, la ojota les calza justo, bang, mueren. Mueran malditas!!! Van cinco, quedan dos, por lo menos de lo que veo. Estas ultimas son las más bravas, rápidas y aguerridas. Rocío, mientras toman coraje para volver, el taparrollo de la persiana a ver si hay más allí, todo I love you, la fragancia de la victoria o la derrota, I love you, tomá turra, ahí va una más, que cae, después recogeré los cadáveres, evidentemente no todos. Soldado que huye sirve para otra guerra, la última, se va, se va, no logro alcanzarla. Sé que volverá con refuerzos, lo temo, lo temí hasta hoy que encontré este último cadáver, pero no debo dejarme confundir, no sería de extrañar que hayan enviado un fiambre de algún panal enemigo solamente para distraerme, para volver cuando me encuentre desarmada, cuando haya perdido las ojotas, o sobre todo, y esto es lo que más miedo me da, cuando I love you se haya acabado. Igual, por el momento, puedo cantar victoria, canto bajito, no sea cosa que se enteren otros bichos y quieran desafiarme. Bah, y si lo hacen aquí estaré, con mi ojota en la mano derecha y el I love you en la izquierda, siempre lista, preparada para cualquier batalla. A menos, claro, que pise el aguijón del cadáver que les contaba y bueno, no pueda contar la historia.

domingo, 13 de diciembre de 2009

ante la posibilidad de la siesta dominguera

Ahí la siesta, como esperando, como urgencia, como un lugar común pero tan pero tan deseado. Podría pensarse, desde afuera, que es una cavilación, una pérdida parcial, un error. Dormir, dormir. Podría pensarse, desde adentro, que es una cavilación, una pérdida total, un gravísimo error. Desde dentro todo se exagera tanto, tantísimo. Dormir, dormir. Media sonrisa para mí mísma, sin necesidad de mirarme al espejo para saberme mediosonriendo, puedo percibir sin visión, ni tacto dactilar la comisura derecha de mis labios alargándose, y contrayéndose por tanto la mejilla correspondiente, achinándose ese lateral ojo, y así, los músculos necesarios para tal gesto. Dormir, dormir. Si tu piel es también como la miel fenomenológica, que toca la mano, y no es la mano que toca sino es tocada por la miel, la piel que se construye en ese contacto, que es más que límite, que es contacto, y aunque no lo percibas vos, sí, tu piel, sí tu piel. Y ya, me quedo con ella como una pequeña reliquia, no porque seas un santo, Dios sabe que no se trata de eso, sino porque lo sagrado, y también por qué no lo profano, está acá en este instersticio epiteliar, cuando puedo decir ahora que no hay contacto, que sólo se siente una prescencia que quizá, estimo, no sea tal, sino la deformación idiota de estas ganas de... Dormir, dormir, dormir. Apagáronse aquellas luces subfluviales que me llenaban los ojos, que me impedían parpadear. Después del vértigo y la obnubilación queda una sensación de vacío y espera, de pie izquierdo movíendose atento a las circunstancias, de esperar lo inesperado que con seguridad debiera suceder. Entonces la contradicción, la contradicción, como la única forma de explicarse. La realidad, la fantasía, una misma. Allá adelante tantos años y tengo miedo. Acá atrás, tantos años, y son tan pocos, y me quisiera llorar toda la vida. Acá, ahora, este instante que se va y se va, sin que lo pueda nombrar siquiera. Y yo en el hueco de este tiempo inverosímil, este tiempo pretendido, tanto como la deconstrucción de mi deseo, de mis ganas y no ganas. Este tiempo inverosímil y yo en las grietas entre medio, deslizándome de golpe hacia una proyección que no alcanzo, retrayéndome de pronto a la cumbre borrascosa de ese dolor punzante real o nostálgico. Y yo en las grietas, haciendo equilibrio, cayéndome de pronto, pero esto no es dormir, dormir es suspender el tiempo, es decir pido gancho, es que no me toquen porque estoy en casa... esta última frase... señor diván, señor diván. ¿Y si cambiamos las reglas de la mancha?

sábado, 14 de noviembre de 2009

TARDA EN LLEGAR

Hoy y el sábado 21 presento una obra en la que conjugamos narración oral (con textos míos y ajenos), teatro, música en vivo, y de yapa danza. Sábado 14 y 21 de noviembre, Club del Bufón, Lavalle 3177 a las 20:30 hs. "TARDA EN LLEGAR" dúo lamanga. Entrada 20 pesos. Los espero!

sábado, 10 de octubre de 2009

Existencias selenitas

Se te van perdiendo tantas cosas caminando hacia ningún lugar. En principio el camino mismo, el principio y su continuación, uff y su final. ¿A dónde? ¿A dónde? Hay que seguir, con esa columna románica bajo el brazo aún a riesgo de tirar abajo todos los otros pilares y saber con certeza que tarde o temprano se te va a caer la casa encima. Si ahí está todo bien claro, los rebordes del techo a punto de explotar, la tierrita cayendo por goteo, despacito, desgranándose, anunciando ese final, ese final. Y vos te quedás, ¿acaso podrías hacer algo distinto? Ahí vas con tu casa a cuestas, que se te cae encima, que no podés dejarla para salir corriendo. Con tu casa en la espalda y tu columna inmensa bajo el brazo, que te derrumba por dentro. Acaso podrías hacer algo distinto. Acaso podrías dejar la columna, y huir de esa maldita casa. Acaso podrías correr desnuda, desnuda de vos, sin tu adentro, sin tu afuera, sumida al universo, sumida en el universo. Alienarte por completo, deshacerte, desdibujarte, flotar, subir, acaso podrías hacer algo distinto. Pero no. Seguís caminando, pesada, tan pesada. Cuando las lágrimas son frías quiere decir que se quiso llorar hace mucho. Son lágrimas vencidas, de otras angustias viejas, que se quedaron por ahí, retenidas en el lagrimal. ¡Hay tanta otra cosa de la que ocuparte! No hay tiempo para llorar, no vale llorar. Ahí se te nublan los ojos, y no ves el horizonte. (shhhh, no se te ocurra decir aquello de que hace rato que no lo ves porque la noche, porque la niebla, porque la mar en coche, callá. A veces es urgente aprender a callar.) Esos cantores que te mueven a otros años, en los que viajabas a otros años en los que no existías. Y siempre quisiste existir en otro lado, en otra existencia. Porque esta, la tuya, a pesar de las máscaras hermosas con las que adornás tu cara, no puede nombrarse, explicarse, ¿para quién, para qué, cuánto más? Existen entonces, en tu existencia sin sentido, ficciones que creás, pequeñas historias, pasos selenitas. Existencias creadas para tu existencia. ¿Acaso tu existencia será más que tu propia creación? Tu existencia será más que tu propia creación, pero será también ella misma. Serás también vos misma. Esta afirmación que te pesa en el cuello y bajo el brazo, que no la podés soltar, no porque entonces, si la soltás, si corres desnuda de vos misma, ¿para qué correr? Es posible entonces que llegues a la conclusión estática, esa conclusión estática que te aterra, no por miedo a las raíces, si ahí están bajo tus pies móviles, desangrándose constantemente, no, no es por eso. Te aterra porque sabés de dónde viene la tierra... los restos en tus hombros y en tu coronila te impiden olvidarlo.

domingo, 13 de septiembre de 2009

Esa loca picardía que te abraza por la espalda sorpresivamente, que te toma de los tobillos y te hace bailar. Los umbrales de la primavera, los miro, los miro, y un poco les temo, mucho les temo. Que si Foucault, que si Freud, que si Fasulo, Fangulo, quien sea con F.... fffffffffffffffff, uffffffffffffffffff, fushhh fushhhh. faaaaaaaaaaa, feeeelicidad, empieza con fe, empieza con fe, con fe y amistad. Escribir con y por la picardía que te llama a no convertirse en un hongo, en un alga, en un líquen. Pobres hongos, algas, líquenes, ¿acaso serán tan estáticos como los pretendemos? ¿acaso no sabrán ellos las respuestas que tanto buscamos y evadimos? Mañana habrá otro pedazo de soga para amarrarse la cintura y no caer y aunque todos seamos un poco esos alegres suicidas está tan demodé el sucidio últimamente, tan considerado un acto egoísta, sin sentido, que realmente poco me entusiasma. Hablar de la muerte, para desmitificarla, para perderle el miedo y quitarle todo su atractivo, como hablamos de todo, como todo lo nombramos, lo decimos, lo hurgamos, hasta sacarle todo el relleno al huesito caracú, y que, ahora sin nada, quede en el plato a enfriarse y ser tirado, aunque algunos volvamos a chuparlo, a lamerlo a pasearnos por el con una especie de nostalgia idiota. Y van cayendo las horas, como pequeñas hojitas trasnochadas, y van cayendo de a poco, como cae todo, como esa soga que siempre renovada sigue atada a tanta silla dudosa. Una soga que te ata es la que te permite avanzar ¡Oh ironía del escalador! Me tienta la idea de cortar de cortar, de caer de caer, pero tambièn me intriga qué hay allá arriba. Si pudiera sentarme como vos a mirar desde acá, si pudiera como vos, de verdad lo deseo, olvidarme de la soga y del arriba y abajo, y mirar a la altura de mis ojos, y mirar, y respirar, quizá no cueste tanto. "Y se enamoró de quien no debía, de un amor trivial y de fantasía, más a los hombres no hay que juzgarlos por el celofán con que los envuelven" Kjarcas, ayyy, viajar viajar, y no sé si yo pueda realmente enamorarme, y no sé, no sé, y de veras quisiera porque sería casi como sentarme y olvidarme de la soga, y pretender que por un momento todo lo arriba que puedo ir es este momento, y que todo abajo es prescindible, y que toda libertad, toda libertad es simplemente no tironear de la soguita. Pero acá tengo la sensación, en mi cintura, el escozor, casi es una herida, y no puedo dejar de pensar que si la soga no estuviera, que si la soga no estuviera...